miércoles, 20 de noviembre de 2013

Ama y sé libre: reflexiones sobre el libro "Cásate y sé sumisa"


Me ha escandalizado el libro publicado bajo el patrocinio del arzobispo de Granada titulado “Cásate y se sumisa”. En la contraportada del libro puede leerse “Ahora es el momento de aprender la obediencia leal y generosa, la sumisión”. Me he quedado atónito. Este libro pretende poner en valor el matrimonio cristiano pero, a mi entender, lo único que consigue es provocar rechazo y desafección. Flaco favor a la fe, y peor favor aún a las mujeres (sigue...)



Defiende el libro Monseñor Francisco Javier Martínez, arzobispo de Granada, con una serie de argumentos que espero poder desmontar sin mucha complicación.
Asegura, en primer lugar, que se está criticando el libro sólo por el título, sin haber leído su contenido. Y yo le digo: ¡es que el título es muy ofensivo! De entrada, no me gusta el uso del imperativo en las cuestiones religiosas: ¡Cásate!, ordena el título. Pero quizás esto son rarezas mías. Lo que no es de recibo la orden de que la mujer sea sumisa. Sumisión significa sometimiento y obediencia. 

La palabra sumisión alude a una relación desigual entre uno fuerte y otro débil, entre uno superior y otro inferior, entre uno que manda y otro que acata sus dictados. Más aún, en el contexto de la relación entre hombre y mujer, sumisión hace referencia a toda una historia de dominación patriarcal en la que el varón ha ejercido un poder absoluto sobre la mujer, como dueño y señor. 
Dado que la mujer debía sumisión al marido se justificaban toda una serie de conductas dominadoras: reclusión en el ámbito doméstico, impedimentos para acceder a la educación, incapacidad para gestionar sus propios bienes, obligatoriedad de cumplir con el acto sexual, derecho del marido a reprender y castigar a la mujer e, incluso, a ejercer cierta violencia sobre ella. ¡Este es el problema!: hablar de sumisión no solo justifica sino que incita a perpetuar un modelo de dominación machista que desprecia y rebaja la dignidad de la mujer. Lo siento, estimado arzobispo, pero la palabra está muy mal elegida.
Pero, posiblemente consciente de ello, el arzobispo da un paso más alegando que la palabra sumisión está tomada de los escritos de san Pablo. ¡Qué argumento! Cualquier persona mínimamente formada en teología sabe que la interpretación bíblica exige, por honestidad con la propia Palabra de Dios, distinguir entre lo que es acorde con el mensaje evangélico y lo que es propio de la cultura y mentalidad de la época. Ya se que san Pablo habla de sumisión, pero todo teólogo en su sano juicio y con un mínimo de sentido común está de acuerdo en considerar esto como un defecto de la mentalidad de aquel momento y, por tanto, incompatible con el mensaje de Jesús.
Una vez más, como si en el fondo el arzobispo ya supiera esto, intenta explicar en qué sentido se usa la palabra sumisión. Según él, la palabra sumisión quiere significar la entera donación amorosa que acontece en la unión matrimonial. Muy bonito, de verdad lo digo. Pero si es así, ¿por qué no habla directamente de donación y amor, referido a ambos cónyuges por igual?

El caso es que, supongo que viendo que no tiene ningún argumento racional, al final el arzobispo se tira al monte con el único argumento que le queda: acusar de malvados a los que critican el libro. Es la vieja defensa del argumento “ad hominen”: intentar echar basura sobre el contrario. En esta ocasión el arzobispo dice que, en realidad, los que critican el libro están movidos por intereses oscuros y maléficos, que su finalidad no es defender la dignidad de la mujer sino atacar a la iglesia y revivir los peores momentos en los que ésta era perseguida. Incluso llega a arengar a los fieles de su diócesis a mantenerse firmes y alegres en medio de la persecución. ¡Sitúa esta polémica en un ambiente similar al vivido en la España de la Guerra Civil! ¡Esto es de locos!
Como puede observarse, el señor arzobispo acaba reivindicando para él, y para toda la Iglesia, la condición de víctima. Pero quiero dejar bien claro que, a mi juicio, el mensaje que predica incita a generar víctimas: víctimas de la violencia de género. Porque la violencia de género no es sólo gritar, insultar, pegar o matar. Violencia también es someter a otra persona, aunque sea tras haberla convencido de que debía obedecer sumisamente. No dudo de que el libro no anima a lo primero pero sí creo que incita a lo segundo.
Por cierto, así lo ha entendido la Junta de Andalucía la cual, a través de la consejera de Igualdad, Salud y Bienestar Social, María José Sánchez, ha pedido que se retire el libro porque fomenta los valores de "desigualdad y sumisión" de la mujer hacia el hombre.

¡Cuánto nos queda por andar! Hay que estar ciego para no reconocer que la mujer ha sido y es víctima del sistema patriarcal y, como víctima, debía recibir un trato exquisito y preferencial por parte de la Iglesia. Pero, lejos de ello, esta institución de varones sigue alimentando rancias mentalidades de dominio. Hay excepciones, la Iglesia es muy grande y hay mujeres y hombres que luchan por la igualdad real. Pero en este aspecto, como en otros, estamos muy por detrás de la sociedad civil. Y la Iglesia no existe para ir por detrás, sino por delante.  Si no, no sirve. Así que propongo un lema alternativo de por dónde debe transitar la Iglesia: que le diga a la mujer, al igual que al hombre, parafraseando a san Agustín, “Ama y sé libre”.

                                                                                                                                José Luis Quirós Saiz


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