lunes, 26 de agosto de 2013

Nuestro sistema educativo y la educación en valores

Declaración Universal de los Derechos Humanos, Artículo 26.

La educación tendrá por objeto el pleno desarrollo de la personalidad humana y el fortalecimiento del respeto a los derechos humanos y a las libertades fundamentales; favorecerá la comprensión, la tolerancia y la amistad entre todas las naciones y todos los grupos étnicos o religiosos; y promoverá el desarrollo de las actividades de las Naciones Unidas para el mantenimiento de la paz.

Nuestro sistema educativo, al poner el acento en la transmisión de conocimientos, sirve, como meta final, a la inclusión de la persona en el mercado laboral y, por tanto, a los intereses del mercado. Por radical que parezca, en realidad la persona se convierte en un medio y no en un fin en sí misma (sigue...)


        Esta durísima afirmación se desprende de la lectura del artículo 26 de los Derechos Humanos sobre la educación. En dicho artículo se establece que el objetivo de la educación es la formación en los valores que sostienen los derechos y libertades de las personas. No habla de geografía, ni de matemáticas, ni de física, ni de tecnología o inglés. Sin ningún género de duda, el aprendizaje de todas estas disciplinas y otras más contribuye a la formación integral de la persona y el desarrollo global de la sociedad. Por tanto, deben estudiarse. Sin embargo, la adquisición de estos conocimientos no es el fin de la educación.
Nosotros hemos puesto el carro antes que los bueyes. Es cierto que procuramos crear un ambiente en el colegio en el que se vivan los valores del respeto, la tolerancia, la solidaridad, la no violencia, etc. Pero, por más que en nuestros discursos se resalte la importancia de estas cuestiones, la realidad nos dice que son marginales a la hora de practicar la docencia. Dicho de otro modo: consideramos que son importantes pero no ponemos los medios ni creamos los cambios estructurales necesarios para que se conviertan en el objetivo principal de la educación.
        Lo primero son los valores, las asignaturas son medios. En cambio en el actual sistema educativo lo primero son los conocimientos de las asignaturas y lo adyacente son los valores. Se puede objetar diciendo que a los alumnos les eduquen en valores en su casa, y en conocimientos en la escuela. Ciertamente, en cada deben educarles en valores, pero eso no exime a la escuela de su responsabilidad en este sentido. ¿O es que acaso el artículo 26 de los derechos humanos se refiere a la educación en casa? De ningún modo: se refiere a la educación formal que se imparte en las escuelas y que, por cierto, dice el mismo artículo poco antes, ha de ser universal y gratuita.
        En conclusión: nuestro sistema educativo necesita un vuelco de 180º: centrarse en la persona y el desarrollo de los valores, desplazando a un lado el peso que tiene la adquisición de conocimientos. Insisto: no es que no haya que estudiar asignaturas, pero hay que hacerlo desde otro enfoque radicalmente distinto.

        Ya sé que se dirá, ¿y cómo se hace esto? ¿Es que acaso tienes la solución? No la tengo, aunque se me ocurren cosas. De todos modos, hay corrientes educativas que han abordado y puesto en práctica este tema: ¿por qué no se les hace caso? ¿Por qué son marginadas? Como siempre, me viene la misma respuesta: no interesa...

José Luis Quirós

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