domingo, 10 de abril de 2011

Claves para hacer una buena reflexión


Una buena reflexión debe ser INTEGRAL, es decir, realizarse desde todos los puntos vitales de la persona.

Habitualmente, cuando reflexionamos, ponemos a funcionar nuestra cabeza, dando lugar a razonamientos y argumentaciones de todo tipo. Solemos decir: “piensa, utiliza la cabeza”.
Sin embargo, nos olvidamos que el ser humano no solo piensa con la cabeza: piensa con el corazón, con las manos, piensa con todo aquello que hace referencia a su vida como persona.
Proponemos, pues, una reflexión que gira en torno a cuatro polos, como si fueran los cuatro puntos cardinales: 

          • Pensar con la cabeza
          • Pensar con el corazón
          • Pensar con la conciencia
          • Pensar con las manos


(sigue...)


1. PENSAR CON LA CABEZA es la manera de llegar al fondo de la realidad, conocer la verdad profunda que se esconde en los acontecimientos. Todos sabemos que los hechos que acontecen, las noticias que escuchamos, los datos que llegan normalmente a la gente, no son sino la punta de un iceberg y que el verdadero meollo de la realidad se nos oculta. No hay genuino pensamiento si éste no es crítico. Pensar de forma acrítica no es pensar, y uno de los mejores legados que podemos dejar a nuestros alumnos es la inquietud permanente por cuestionarse todo lo que sucede, y se cumpla aquello de que “nada hay oculto que no llegue a salir a la luz”. Por eso, pensar con la cabeza equivale a SER HONRADO CON LA REALIDAD.

Pregúntate:
  • ¿Qué está sucediendo?
  • ¿Dónde?
  • ¿Quién está implicado?
  • ¿Por que sucede esto?
  • ¿Qué consecuencias tiene?





2. PENSAR CON EL CORAZÓN equivale a poner en juego nuestra capacidad de sentir. Más vale tarde que nunca: ya la mentalidad semita solía vincula el conocer al corazón, y filósofos como Hume pusieron el acento en nuestra dimensión emotiva. Hoy la psicología nos viene diciendo que lo afectivo es lo efectivo, y que no hay nada verdaderamente importante que llegue a serlo si no ha pasado por el corazón. No es de extrañar que se multipliquen los cursos de educación emocional, no es una simple moda, sino la constatación de que no hay conocimiento sin sentimiento. Por eso, pensar con las manos significa PONERSE EN EL LUGAR DEL OTRO.  

Pregúntate:

  • Las personas implicadas: 
    ¿cómo lo están viviendo,
    cuáles son sus actitudes,
    reacciones y sentimientos?
  • Y yo, ¿cómo me siento?



3. PENSAR CON LA CONCIENCIA no se identifica con ninguno de los dos anteriores. Sabemos que es difícil discernir qué es la conciencia, pero queremos distinguirla del hecho de razonar o de sentir, aunque se relacione con ambos,. Pensar con la conciencia significa dar una dimensión moral a mi reflexión, es decir, que la reflexión me conduzca a emitir un juicio de valor sobre los hechos que estoy examinando. Hay muchas personas que conocen las causas de determinadas situaciones e, incluso, tienen cierta sintonía afectiva con las personas implicadas, y, sin embargo, son incapaces de “mojarse”, de emitir un juicio. Nuestra reflexión nos debe llevar a emitir un juicio de valor y decir si lo que está ocurriendo nos parece bien o mal, si creemos que debería ser así o de otro modo. Por eso, pensar con la conciencia significa TOMAR PARTIDO.


Pregúntate:

  • Y yo, ¿cómo lo veo? ¿Qué opino?
    ¿Qué juicio moral hago de esto?






4. PENSAR CON LAS MANOS, como fácilmente puede entenderse, apunta a la necesidad inexcusable de que nuestro pensamiento se convierta en acción. Dijo Marx, en una frase en la que creo que estaremos de acuerdo, que ya no es tiempo de pensar la realidad sino de transformarla. Obviamente hay que pensar, pero es estéril y, sobre todo, es pecado de omisión, hacer hermosas elucubraciones que no empujen a mejorar el mundo. Es un ejercicio de responsabilidad asumir la realidad en que vivimos y transformarla. Y es, además, una necesidad antropológica, en el sentido de que el ser humano se realiza a sí mismo mediante su compromiso en el mundo. Muchos filósofos han insistido en que somos lo que hacemos, que nuestra acción y tarea nos configura como personas. Por eso, pensar con las manos significa PONER MANOS A LA OBRA
 
Pregúntate:

  • Y yo, ¿qué puedo hacer?
    Nosotros, ¿qué podemos hacer?

                                    José Luis Quirós

5 comentarios:

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  2. Muy bueno, gracias. Pero creo que en el punto dos hay una errata: "Por eso, pensar con las manos (creo que quería decir corazón) significa PONERSE EN EL LUGAR DEL OTRO."

    Un saludo.

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  4. Me parece un artículo de mucha refelexión y creo que así debe ser.
    las personas actualemente frente a una situación no reflexiónan, solo se acomodadan a las circunstancias para poder estar bien con todos.

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